La Eficiencia en Construcción

Planeación y gestión del proyecto
Partiendo del concepto mismo de la palabra eficiencia “lograr un mismo objetivo con menores recursos”, esto ya empieza a darnos luces sobre cómo deberíamos buscar este alcance y desde ya pensamos en procesos, funciones, tiempo y costo. Esto no es más que concebir proyectos altamente productivos, enmarcados en un control absoluto de gastos pero sin desconocer ninguna actividad, pues hasta los imprevistos se pueden presupuestar a tal nivel de detalle y costeo, que no se incurrirá en sorpresas ni en desfases al momento que ocurran; cabe anotar que los sistemas de construcción industrializados, los cuales normalmente involucran encofrados de distintos materiales y estructuras portantes de muros de concreto, son los que permiten dinamizar un proyecto a tal punto que podemos verlo y sobre todo ejecutarlo como una sola línea de producción. De ahí que si se opta por encofrados, debe procurarse uno que solucione a la medida cada necesidad del constructor sin sacrificio alguno ni de su riqueza arquitectónica, ni su confort y que a nivel de estructura garantice si no el 100%, un alto porcentaje de la misma en una única etapa de vaciado.

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No obstante podría verse como algo muy sencillo, pero como todo lo fundamental en cualquier proyecto de construcción, los procesos requieren de mucha planeación, adecuada ejecución y debidos controles. Pero de esto nos ocuparemos más adelante.
El interés en lograr dicha eficiencia debe tener su génesis en la decisión de tener o mejor, cambiar los modelos de gestión, a uno que esté acorde con los intereses mismos de los constructores, pero que con sensatez pueda ser aplicado en su totalidad y conduzca a implantar en obra lo que sea necesario para: poder eliminar aquellas actividades que no generan ningún valor (aún hoy en día se tienen obras con demasiado desperdicio de este tipo), que todos los actores tengan el conocimiento del tiempo real empleado en las diferentes tareas (rendimientos), que todos los actores tengan conocimiento de la duración máxima admisible de cada tarea (plazo) y obviamente, contar con suficiencia técnica de los recursos disponibles para ejecutar los trabajos. Esta realización de los trabajos, aunque cueste pensarlo, debemos buscar que sea una única vez y que su ejecución garantice la calidad requerida; todos sabemos la frecuencia con la que existen actividades “ya ejecutadas” y hasta pagadas, pero que deben ser detalladas o “mejoradas” días o semanas después, es aquí donde empezamos a alejarnos demasiado de conseguir la eficiencia que queremos.
Todos los procesos críticos dentro del engranaje productivo, tendrán que ser estandarizados suficientemente y acotados sus límites de aceptabilidad. Si deseamos evitarnos contratiempos y desperdicios de todo tipo de recursos, tendremos que normalizar integralmente el proyecto, esto es que desde su planeación y diseño, hasta su construcción y entrega, se converja en una perfecta definición de lo que se requiere construir y pueda ser analizado y pormenorizado ampliamente previo a la terminación del presupuesto y la fijación del plazo. Hecho esto hay que mirar el capital humano con que se cuenta para que exista la certeza que podrá alcanzar cada meta fijada, si no, ver si hay algún chance para capacitarlo o de lo contrario deberá omitirse y encontrar alguien que ofrezca y garantice los resultados (esta es la última instancia, pues la idea es que se puedan especializar en sus oficios las personas involucradas y en buena parte esta responsabilidad es del constructor); nuevamente se hace hincapié en que esto debe ser previo al arranque y no durante la marcha pues al querer hacer los cambios pertinentes, ya habremos dilapidado muchos recursos.
El proyecto arquitectónico debe estar basado en una decisión sobre el sistema constructivo a emplear, el cuál debe conducirnos a lograr plazos y calidad esperada, por encima de todo. Una vez se tengan esas definiciones, se procede a pasar dicha información a los demás diseñadores (como son el estructural, hidrosanitario y eléctrico, entre otros), logrando de esa forma que se consolide el proyecto desde todas las ópticas posibles. En cuanto se tengan los demás diseños y se logren superponer cada uno con la arquitectura, veremos que resultan consideraciones especiales que nos permitirán ajustar el presupuesto y más que reducir, se podrán costear los imprevistos muy aproximados a la realidad.
Como vemos hasta el momento seguimos en etapa de proyecto y la ejecución está ad portas de iniciarse. Acto seguido debería seguirse con una formalización de información con cada uno de quienes intervendrán en la construcción (contratistas y mano de obra calificada dentro del proyecto) y se haga entrega de planos completos y ceñidos a una secuencia constructiva clara. Es recomendable estudiar conjuntamente con las partes cada plano y diseño, estableciendo alcances, métodos y procedimientos; con seguridad existirán más ajustes a los costos y habrán tantos imprevistos típicos que se pueden consolidar en un solo tópico y considerarlo como un ítem independiente dentro del presupuesto.
Esto mismo debe realizarse con los proveedores, previo a la iniciación de la obra, a fin de ultimar parámetros claves para la misma negociación y suministro, como serán los plazos, garantías de producto y/o servicio, especificaciones y tomar nota de sus recomendaciones, ya que estas nuevamente podrían evitarnos imprevistos o sobrecostos. Eventualmente una mala aplicación de producto o una especificación errónea, pueden conducirnos a realizar trabajos adicionales y onerosos e inclusive pueden causar daños o malograr etapas previas ya ejecutadas y ni mencionar el desfase presupuestal que se deriva de estas eventualidades, por ello es que cobran importancia este tipo de coordinaciones previas.
Sin ir tan lejos, a todos los proyectos de cualquier tipo les convendría estar enmarcados por sistemas de gestión tan conocidos como el PHVA (planear-hacer-verificar-actuar), ya que a través de estos se “impondrá” un orden lógico y contundencia en los resultados. Todo lo que se ha hablado en los renglones anteriores básicamente es el “planear” de este tipo de sistemas. O sea el proyecto como tal, la gestión de plazos y costos y la gestión de proveedores de materiales.
A la gestión de equipos le hacemos un énfasis especial, en el sentido que a diferencia de los materiales, estos son activos con los que contará el constructor por cierta cantidad de años y su propósito es mantenerse en perfecto estado operativo (y ojalá estético) durante su vida útil. Esto solo se logrará en la medida en que se cuente con un óptimo soporte técnico que permita mantenimientos preventivos y correctivos, ojalá localmente; más allá de las especificaciones requeridas para el tipo de obra a ser realizada, debiésemos anteponer las garantías que nos brinde el proveedor y que tengamos referencias conocidas de obras similares en las que se usan dichos equipos. La sugerencia en este caso es lograr alianzas con estos proveedores que conduzcan a: mejorar tiempos de entrega de equipos, facilidades de pago, disponibilidad de repuestos y de mantenimiento, seriedad en su proceder y por último, capacitación y actualización sobre la operación y mantenimiento de estas unidades.

source Procesos de ejecución y control de calidad
Todas las actividades críticas dentro del proyecto en todas sus etapas, deben tener índices o indicadores de productividad y es por ello que inicialmente dentro de la planeación se buscó estandarizar y normalizar cada proceso. Básicamente nos referimos a la mano de obra puesto que su medición y optimización es lo que realmente nos va a conducir a ser eficientes.
Se tienen que levantar los debidos datos de las horas-hombre trabajadas y de los recursos (indicar el grado de especialización dentro de su oficio) involucrados en lograr cierto avance en una tarea; igualmente deberán relacionarse los factores presentes que pueden afectar su rendimiento y asociarlos en su momento al índice obtenido, esto a fin de afectar con argumentos reales la eficiencia teórica y por ende se busquen las soluciones posibles para minimizar el impacto de dichos factores. A través de esto se quiere tener una medición coherente del recurso humano y eliminar la distorsión que puede causar un factor extrínseco. Obtenidos estos datos, se deben hacer proyecciones con estos índices en aras de garantizar los plazos planteados en el cronograma inicial, y si es del caso tomar medidas de reforzamiento del personal, recapacitación del mismo (o inclusión de más especialistas en ese oficio dentro de la cuadrilla actual), incremento de jornadas y revisión de cada ciclo en sus sub tareas. Todo esto previo a llegar a afectar y ajustar cronograma y holguras, lo que sería la última instancia.
Tener especial cuidado que al tratarse de sistemas o procesos nuevos (por ej. Encofrados, obras falsas o shoring, nuevos tipos de recubrimientos o tratamientos superficiales, tareas jamás ejecutadas, etc.) para el constructor, es obvio pensar que existirán curvas de aprendizaje las cuales serán medidas, revisadas y comparadas día a día, en espera de un mayor rendimiento en el corto plazo y cuya meta diaria debe provenir de experiencias previas de otros constructores exitosos, o de tablas publicadas en medios especializados o de los mismos proveedores de los sistemas.
Una vez se tiene esta dinámica, conviene tener una variación máxima permitida de los datos y una que definitivamente no será aceptable, con lo que tendremos alertas claras de cuándo se venga a menos un índice. Esto lo asociaremos a su respectiva causa raíz y acto seguido nos preocuparemos por abatir dicha causa para las próximas ejecuciones.
Así nos acercamos a tener proyectos sistematizados con un foco claro de industrialización, pues desde una obra para construir 50 viviendas hasta una de 5000, encajan en este proceder. Además de esto, si se logra concebir la obra como esa “línea de producción” en la que hay procedimientos reiterativos, podremos tener preparaciones de materiales y tareas con antelación, que redunden en una disminución del tiempo empleado en la ejecución de las mismas.

La calidad será una exigencia desde las primeras reuniones de coordinación y son estos criterios de aceptación no negociables, los que regirán toda la realización de la obra. Nosotros debemos confirmar que: todos los actores tengan total y absoluto conocimiento de lo que deben hacer y que la calidad de la información recibida no dé pie a dudas o malas interpretaciones. Antes de pensar en el personal propio que revisará y recibirá cada tarea, hemos debido garantizar que existe al menos un maestro en su oficio al frente de cada cuadrilla y que este velará por aportarnos la calidad requerida o auto inspección.
De nuestra parte tendremos una responsabilidad enorme en materia de supervisión, la cual previamente debió ser entrenada, capacitada y formada para ello. No podremos pretender que un profesional dedicado meramente a la ejecución de trabajos de estructura, sea quien reciba y exija la calidad deseada en una etapa de acabados y viceversa. Al igual tenemos que ser muy sensatos con la cantidad de área o metros cuadrados construidos que es capaz de supervisar con suficiencia un solo profesional de obra, así mismo se debe propiciar una estructura de recursos a dicha persona que le permita la cobertura total del proyecto o de su obra. Muchas veces escatimamos en ello y los resultados (obras mal ejecutadas y re trabajos) son un sobrecosto muy por encima de haber tenido un segundo al frente. Entre mayor nivel de riqueza en detalles de un proyecto, demandará mucha más supervisión y si le sumamos que se trata de una obra industrializada, debemos tener varios controles que conduzcan a verificar las actividades predecesoras en cada ciclo, con el fin de que la secuencia no se obstaculice nunca y que el flujo de trabajos sea constante y sin improvisación. Si tenemos fallas en ello, rápidamente habremos acumulado un desperdicio de tiempo irrecuperable que podría comprometer la meta del día y hasta la de toda una semana o de un mes.
Hay muchas formas de protocolizar la supervisión de la calidad en las obras y siempre van a incluir una serie de formatos y listas de chequeo. Esto es fundamental llevarlo por parte del profesional de obra y tiene que ser una obligación del constructor puesto que en esta documentación quedará la constancia de la gestión en el recibo de los trabajos a satisfacción. Adicional a eso, se tiene que es una de las mejores formas de liberar faenas sin ningún tipo de “amaño” como puede ser el de ciertos contratistas que en su afán de incluir más obra en sus planillas, querrán ir a su velocidad, desconociendo muchas veces los criterios de aceptación fijados; mientras se tenga una revisión controlada, aceptada y sobre todo corroborada en campo, se tendrán los únicos argumentos válidos para dar inicio a la faena subsecuente.
Lo anterior podríamos llamarlo como las medidas “pasivas” de control de calidad, pues existen otras que no dan cabida a ninguna subjetividad, ya que provienen de ensayos y muestreos de laboratorio o in situ e inclusive son ya el resultado de un proceso terminado. Con este tipo de controles se tendrá que ser más que implacable, ya que estos están involucrando el producto terminado directamente, la vida útil del mismo y la funcionalidad del sistema. Para estos casos el criterio de aceptación va más allá de un rango y tendrá que ser drástica su solución al igual que drástico el actuar con quien propició este fallo en la calidad.
Cada hallazgo en materia de calidad, debe tener asociado un mejoramiento o una dinámica de mejora continua. Esto nos va a llevar a depurar nuestras tareas diarias, también buscará un cierre de brechas en los procesos y por supuesto nos invita a la revisión interna de los procedimientos adoptados para cada solución particular; lo importante al final de esto es que se difunda efectivamente entre las áreas operativas del proyecto y quede así sembrado este aprendizaje. A futuro como ya se conocen los cambios y ajustes pertinentes, se incluirá en los protocolos de recibo cada acción correctiva que se haya instaurado en el procedimiento. Luego con un seguimiento frecuente al comienzo (posteriormente se puede eliminar dicho seguimiento), veremos que se ha convertido en parte fundamental del ciclo diario y se ha asimilado íntegramente dentro de la tarea sin mayor esfuerzo.
Los párrafos anteriores describen justamente el “hacer – verificar – actuar”, confirmando que un sistema de gestión tan sencillo como ese, tiene su aplicación y motiva grandes ahorros, eficiencia y calidad en cualquier proyecto. El hecho de buscar una coordinación entre actores, procedimientos claros y secuencias en las etapas y tareas, rodeados siempre de una capacitación permanente y controles sucesivos, serán garantes de una adecuada ejecución de obra que ya está acarreando consigo un ahorro en costos. Este ahorro se puede traducir como eficiencia en costos relacionada con la minimización de desperdicios de mano de obra, materiales y tiempo.
Existen otros ahorros en costos que nacen de los manejos de inventarios, como el promover no “sobre stockearse”; es decir que al tener estandarizados los ítems que componen una tarea, en cuanto a sus consumos de materiales y tiempo de mano de obra, se pueden tener suministros de todo tipo acordes al avance real y sin la necesidad de disponer de mayores cuantías de insumos que solo se usarían a futuro, beneficiándose así el flujo de caja del proyecto y el almacenamiento físico de los materiales. Por último, en la estandarización que busquemos, vale la pena que se maneje el menor número posible de referencias de los insumos requeridos para cada actividad, ya que genera una rotación cíclica y previsible, la cual va impactar positivamente nuestra interacción con proveedores y la gestión interna dentro de los almacenes.

go here Lo anterior es un acercamiento a cómo lograr una mayor eficiencia en nuestros proyectos, pero no es ninguna receta ni será la última palabra. En el mundo de hoy, cada día existirán más y más argumentos y técnicas que conlleven a mejorar esta cualidad tan deseable en nuestro trabajo y en nuestra vida entera.

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